Casa Encendida. Madrid. Desde el 30 de noviembre al 16 al diciembre de 2010.
Hace dos años se constituía el Centro Complutense de Estudios e Información Medioambiental (CCEIM), patrocinado por la Fundación Caja Madrid, y dependiente de la Fundación General de la Universidad Complutense de Madrid. Un proyecto orientado a servir de espacio de confluencia entre una pluralidad de entidades de la sociedad civil, diversos profesionales especializados en distintas temáticas y la propia universidad.
El CCEIM sería una suerte de puente que permite el diálogo entre distintos conocimientos. Una apuesta por generar referentes para el encuentro, la discusión y el debate en torno a un tema central: el Cambio Global. Un concepto que permite aglutinar los distintos efectos del proceso de abuso y degradación que está sufriendo nuestro planeta, que evidencian una crisis generalizada, de dimensiones no sólo ambientales, sino también socioeconómicas y éticas.
Durante estos primeros años se han producido una serie de análisis sobre algunas de las temáticas identificadas como estratégicas (cambio global en España, ciudades, transporte, edificación…). Estas investigaciones han dado lugar a una serie de Informes que detallan las distintas problemáticas e identifica unas líneas de acción prioritarias.
Una vez que se ha ido produciendo una serie de conocimientos, queda el paso de utilizarlos como un estímulo para inaugurar una serie de debates sociales y políticos sobre las cuestiones que plantean los distintos Informes. Divulgarlos, contrastarlos, complementarlos o ponerlos en cuestión.
Para profundizar sobre las ideas que plantean los distintos Informes, consideramos que resultaría de gran interés la realización de una serie de tres Jornadas Monográficas.
Estas Jornadas abiertas a la libre asistencia del público estarían orientadas tanto a la divulgación y socialización de los Informes, como a un debate abierto entre distintas entidades de la sociedad civil relacionadas con dichas temáticas. Una discusión articulada desde la propia configuración de las personas que compondrán las Mesas Redondas.
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Madrid. (EFE/Isabel S.Araujo).- El arquitecto navarro Rafael Moneo, premio Pritzker en 1996, considera que es pronto para decir cuál será el impacto de la crisis en su campo, pero cree que, en cualquier caso, sería "una gran fortuna" que al menos trajese aparejada una vuelta a una arquitectura más racional."Es prematuro juzgar cuál va a ser el impacto de la crisis en la arquitectura del futuro.
Será difícil abandonar formas de vida que implican consumo de energía y a las que estamos tan acostumbrados que llegan a parecernos naturales", dice en entrevista con Efe este gran arquitecto, que acaba de reunir en el libro "Apuntes sobre 21 obras" una selección de su trabajo de 40 años.
Pero, de esperar algo bueno, sería "el volver a una arquitectura que no olvidase los criterios de racionalidad", que, como los de sostenibilidad, han sido una constante en su obra.Tal racionalidad implicaría "un entendimiento del ejercicio de la profesión que traería consigo el abandono del uso interesado -y no siempre bien intencionado- que acompaña al contrato de los arquitectos del 'star system", afirma Moneo al preguntarle si los tiempos actuales pueden significar un punto de inflexión en ese "boom" de arquitectos estrella.
Moneo, nacido en Tudela (Navarra) hace 73 años, tiene entre sus innumerables e importantes proyectos la ampliación del Museo del Prado, la remodelación de la estación de Atocha, también en Madrid, la catedral de Los Ángeles (EEUU), el Kursaal de San Sebastián, o la Fundación Miró de Palma.
Hace años, el editor de libros de arquitectura Gianfranco Monacelli le ofreció publicar en Estados Unidos una monografía sobre su trabajo y, aunque le ha llevado más tiempo del previsto, "Apuntes sobre 21 obras" es la realización de ese proyecto, que aparece simultáneamente en EEUU y en España, en este caso, publicado por la editorial Gustavo Gili de Barcelona."No es una monografía, ni tampoco una simple antología de mi carrera profesional.
Lo que he pretendido ha sido dar razón de los principios que han inspirado y guiado mi trabajo, poner de manifiesto mi manera de entender la arquitectura", dice a Efe.Por eso ha elegido las obras que mejor permiten plantear las cuestiones que más le han interesado, aquellas que mejor ilustran "la discusión acerca de los problemas teóricos que han preocupado a los arquitectos en los últimos 40 años".
Y, entre ellas, además de las arriba citadas, aparecen explicadas y comentadas por el propio Moneo construcciones como la sede de Bankinter de Madrid, el Museo de Arte Romano de Mérida, el aeropuerto de San Pablo de Sevilla, el Auditori de Barcelona, la remodelación del Museo Thyssen-Bornemisza o la nueva Maternidad de O'Donnell, de Madrid."Quizá la más destacada de las constantes de mi trabajo sea la importancia que tiene el pensar que los edificios no son episodios aislados y que siempre viven en un marco más amplio que hay que tener en cuenta", explica el autor.
Porque, si hay algo en la profesión de arquitecto que para Rafael Moneo tiene un valor innegable, es "el contribuir -dice- a que una ciudad se mantenga viva, ser en un determinado momento la persona a quien se encomienda su futuro".
Entre los muchos reconocimientos que jalonan su prolífica trayectoria están el premio de la Unión Europea Mies van der Rohe (2001), el Nacional de Arquitectura (1961), la medalla de oro de la Unión Internacional de Arquitectos, o el haber sido elegido en 1997 miembro de la Academia de Bellas Artes, en la que ingresó en 2005.
Aunque no ha contado sus obras, superan con mucho el centenar y, entre ellas, la palma en cuanto a quebraderos de cabeza se la llevó, admite sin ambages, la ampliación del Prado."En verdad que sí. Fue un proceso duro en el que se daban cita, no sólo los problemas arquitectónicos, sino muchos otros de muy distinto orden, pero trabajar para una institución como el Prado mereció todos esos esfuerzos", afirma Moneo, que en la actualidad sigue trabajando sin parar y con satisfacción y quien, puestos a decir qué proyecto querría afrontar aún, confiesa que le gustaría volver a ocuparse de la residencia, de la casa.
Pero, de esperar algo bueno, sería "el volver a una arquitectura que no olvidase los criterios de racionalidad", que, como los de sostenibilidad, han sido una constante en su obra.Tal racionalidad implicaría "un entendimiento del ejercicio de la profesión que traería consigo el abandono del uso interesado -y no siempre bien intencionado- que acompaña al contrato de los arquitectos del 'star system", afirma Moneo al preguntarle si los tiempos actuales pueden significar un punto de inflexión en ese "boom" de arquitectos estrella.
Moneo, nacido en Tudela (Navarra) hace 73 años, tiene entre sus innumerables e importantes proyectos la ampliación del Museo del Prado, la remodelación de la estación de Atocha, también en Madrid, la catedral de Los Ángeles (EEUU), el Kursaal de San Sebastián, o la Fundación Miró de Palma.
Hace años, el editor de libros de arquitectura Gianfranco Monacelli le ofreció publicar en Estados Unidos una monografía sobre su trabajo y, aunque le ha llevado más tiempo del previsto, "Apuntes sobre 21 obras" es la realización de ese proyecto, que aparece simultáneamente en EEUU y en España, en este caso, publicado por la editorial Gustavo Gili de Barcelona."No es una monografía, ni tampoco una simple antología de mi carrera profesional.
Lo que he pretendido ha sido dar razón de los principios que han inspirado y guiado mi trabajo, poner de manifiesto mi manera de entender la arquitectura", dice a Efe.Por eso ha elegido las obras que mejor permiten plantear las cuestiones que más le han interesado, aquellas que mejor ilustran "la discusión acerca de los problemas teóricos que han preocupado a los arquitectos en los últimos 40 años".
Y, entre ellas, además de las arriba citadas, aparecen explicadas y comentadas por el propio Moneo construcciones como la sede de Bankinter de Madrid, el Museo de Arte Romano de Mérida, el aeropuerto de San Pablo de Sevilla, el Auditori de Barcelona, la remodelación del Museo Thyssen-Bornemisza o la nueva Maternidad de O'Donnell, de Madrid."Quizá la más destacada de las constantes de mi trabajo sea la importancia que tiene el pensar que los edificios no son episodios aislados y que siempre viven en un marco más amplio que hay que tener en cuenta", explica el autor.
Porque, si hay algo en la profesión de arquitecto que para Rafael Moneo tiene un valor innegable, es "el contribuir -dice- a que una ciudad se mantenga viva, ser en un determinado momento la persona a quien se encomienda su futuro".
Entre los muchos reconocimientos que jalonan su prolífica trayectoria están el premio de la Unión Europea Mies van der Rohe (2001), el Nacional de Arquitectura (1961), la medalla de oro de la Unión Internacional de Arquitectos, o el haber sido elegido en 1997 miembro de la Academia de Bellas Artes, en la que ingresó en 2005.
Aunque no ha contado sus obras, superan con mucho el centenar y, entre ellas, la palma en cuanto a quebraderos de cabeza se la llevó, admite sin ambages, la ampliación del Prado."En verdad que sí. Fue un proceso duro en el que se daban cita, no sólo los problemas arquitectónicos, sino muchos otros de muy distinto orden, pero trabajar para una institución como el Prado mereció todos esos esfuerzos", afirma Moneo, que en la actualidad sigue trabajando sin parar y con satisfacción y quien, puestos a decir qué proyecto querría afrontar aún, confiesa que le gustaría volver a ocuparse de la residencia, de la casa.