martes, 30 de noviembre de 2010

Museo de Arqueología de Álava, Vitoria. Francisco Mangado.

El edificio se configura en su forma básica a partir del contexto en el que se asienta y de la continuidad que en términos de concepto y programa establece con el anexo Palacio de Bendaña actualmente museo de Naipes Fournier.

En las salas donde se exponen de manera permanente piezas, los planos horizontales, suelos y techos, son muy oscuros. El suelo de madera de “palo” casi negra, el techo continuo y también negro componen una ‘caja’ o cofre pues muy cerrada y oscura delimitada lpor los muros de fachada con especor revestidos exterioremente por una piel de chapa de bronce plegada, con piezas que se suporpen o se deslizan según las necesidades de filtrar la luz hacia el interior.

Pero estos espacios están atravesados por unos prismas de vidrio blanco en torno a los cuales se organizan la exposición de las piezas. Por ellos resbalará la luz procedente de la cubierta durante el día, procedente de una iluminación interna en la oscuridad. Estos prismas llevaran incrustados, entre capa y capa, gráficos e información que expliquen los objetos pero, por encima de esta labor docente, su luz evocará la fantasía de la interpretación, la metáfora que hace referencia a unos prismas de luz en medio de un espacio oscuro que bien pudieran entenderse como la esperanza de poder interpretar algo de nuestra herencia.

Hacia el interior del solar, el patio de ingreso queda constituido por unos límites mas transparentes: es la piel de bronce que se abre con ritmo constante permitiendo el paso de las visuales de los visitantes hacia el interior de los recintos de exposiciones.



Francisco Mangado

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