miércoles, 23 de noviembre de 2011

Jordi Badia, en defensa de la profesión


Des de su columna semanal en el diaro “Ara”, Badia defiende al colectivo de arquitectos de dos declaraciones malintencionadas.

 La primera de ellas pertenece a un periodista, Jordi Barbeta, de la Vanguardia, y la segunda es del director del INCASÒL (promotora pública de vivienda ligada a la Generalidad de Cataluña. Se reproducen en el artículo, que ofrecemos aquí en versión íntegra y traducida del original catalán. 
Parece que los arquitectos no tenemos suficiente con la que está cayendo. Somos el gremio más perjudicado por la crisis, con unas cifras de paro del 45% y 50% de los despachos cerrados, según manifestó esta semana Jordi Ludevid, presidente del CSCAE (Consejo Superior de los Arquitectos de España), y encima hemos de oir cómo se nos culpa de los males del despilfarro en que hemos vivido los últimos años.

En un artículo publicado en la Vanguardia, Jordi Barbeta denunciaba el hecho que las estaciones de la línea 9 estuviesen diseñadas por buenos arquitectos en lugar de profesionales mediocres provocó que su coste se multiplicase. “[…] Las obras de la línea 9 del Metro de Barcelona, que tenían un presupuesto inicial de 2700 millones, costarán 16000 millones después que el Tripartito modificase el proyecto que encargó, eso sí, a arquitectos de prestigio. Como no había dinero para pagar todo ese buen gusto, se adoptaron sistemas de financiación. Los intereses que suponen estos sistemas, pero, han más que duplicado el coste de la obra. […]” La acusación, torpe y manipuladora, no merece muchos comentarios y es completamente falsa. La razón del desvío presupuestario, según comentarios de algunos técnicos, fue consecuencia del accidente del Carmel, que obligó a modificar la cota de los túneles y a hacerlos pasar, cito textualmente, a “cota infierno”. Los arquitectos encargados del diseño de las estaciones, además de trabajar con un porcentaje muy pequeño de la inversión total de la infraestructura, se ajustaron a la cifra indicada para el trabajo.

En la misma línea apuntaban unas preocupantes declaraciones de Josep Anton Grau, nuevo director del Institut Català del Sòl, en el Econòmic. En el artículo, que se titulaba “El INCASÒL cambia de estrategia para hacer frente a una deuda de 900 millones”, el responsable de la construcción de la vivienda pública de Cataluña soltaba perlas como esta: “No me siento cómo teniendo premios FAD en el diseño de estos edificios”, en la que sugería que la deuda quizá estaba provocada por haber cometido el error de contratar profesionales cualificados y reconocidos.

El artículo, que recomiendo leer, anuncia que el instituto público, que fue creado en los años 80 por el Parlamento de Cataluña con la intención de ofrecer vivienda protegida a colectivos con dificultad como jóvenes, trabajadores con rentas bajas y sectores vulnerables a la exclusión social en Cataluña, ha iniciado un cambio de estrategia basado en la internacionalización, para sí poder aprovechar su experiencia en el sector. Por eso, el Sr. Grau ya tiene programada una primera visita a Colombia y espera hacer otros viajes al Ecuador y a China. “Allí, el gobierno de Shanghái está planificando construir una ciudad de un millón de habitantes y nosotros queremos aspirar al proyecto”, explica.

¿Es lícito que un organismo público presidido por el consejero del departamento de territorio y sostenibilidad utilice su presupuesto no para cumplir su tarea social en Cataluña sino para competir internacionalmente con estudios de arquitectura en una situación claramente de privilegio? Lo que queda claro, pero, es que no aspiran al trabajo bien hecho y a ganar premios: el suyo es un interés puramente económico.

Lo más grave, tal y como dice Ignacio Paricio, presidente  de Arquitectos por la Arquitectura, es que se va instalando la opinión en la sociedad, impulsada por periodistas y altos cargos, de que la buena arquitectura es cara. Y esto no es así. Tan sólo son caros los grandes edificios banales y desesperadamente grotescos que han propiciado muchos políticos en busca de su propio prestigio.

La buena arquitectura está llena de ejemplos brillantes de edificios que sacan de la escasez sus mejores recursos, y de eso tenemos numerosos ejemplos en escuelas, hospitales, juzgados y residencias que hemos construido en este país durante las últimas décadas. Muchos nos han hecho la vida más agradable y han sido reconocidos con el premio FAD.Algunos de nosotros estamos orgullosos. 

Se reproduce una foto de la Ciutat de la Justícia análoga a la aparecida en el texto original.
Publicado en Ara, 22-11-2011. 
Traducción: Jaume Prat.
Fuente: SCALAE